El diálogo ecuménico entre católicos y ortodoxos ¿Un modelo de reconciliación entre Rusia y Occidente? Lecciones de un encuentro intereclesiástico en Budapest
Luis Ángel Andrade Córdova
Del 28 al 30 de abril pasado, el Papa Francisco realizó una visita pastoral a Hungría, en el marco de la jornada mundial por las vocaciones sacerdotales de la iglesia católica romana. Durante dicho viaje apostólico, además desahogar la agenda intraeclesiástica vaticana, el Sumo Pontífice tuvo la oportunidad de encontrarse con representantes del mundo universitario y de la cultura húngaros, en consonancia con el espíritu de apertura a las realidades del mundo característico de su papado. Sus posicionamientos en Budapest respecto de la crisis migratoria mundial, así como respecto de la “pandemia” por el uso desmedido y enajenante de los dispositivos digitales, sobre todo en los jóvenes, ambos de orientación progresista y dialógica, reflejan la impronta personal que como “Papa del fin del mundo”, es decir, como líder católico del sur global, Francisco busca legar a la iglesia sampetrina, otrora concentrada en el viejo continente.
Al mismo tiempo, Jorge Mario Bergoglio, cabeza de la iglesia de Roma, aprovechó su estancia en tierras magiares para discutir, en un tono más personal y lejos de los reflectores mediáticos, cuestiones de carácter ecuménico con el Metropolita ortodoxo Hilarión de Volokolamsk, obispo de la diócesis de Budapest y Hungría del patriarcado de Moscú. Dicha reunión, llevada a cabo a puertas cerradas en la nunciatura apostólica de la capital húngara y que tuvo una duración de aproximadamente 20 minutos, generó suspicacias en los decisores geopolíticos tanto occidentales como rusos, debido a que tuvo lugar en un contexto de hostilidades en Europa Oriental, aunado al carácter discreto del encuentro, del cual sólo se cuenta con testimonios presenciales. Cabe mencionar que Gregorio Alféyev, nombre secular de Hilarión, funge como representante de los intereses de su iglesia ante las instituciones europeas en Bruselas, además de ser un actor clave del departamento de relaciones exteriores de la iglesia de Rusia, por lo que algunos consideran que la reunión tuvo tintes geopolíticos.
El propio Hilarión, en una entrevista para el portal digital ortodoxo Jesus Portal, admite haberse reunido en privado con el pontífice romano durante su visita a Budapest, en su carácter de representante eclesiástico de una de las regiones históricas de mayor interés para la ortodoxia rusa: el valle de Panonia. Sin embargo, enfatiza en la misma que el encuentro tuvo como intención principal honrar su amistad personal con el argentino, con quien comparte afinidades de índole teológica, filosófica y pastoral.
El diálogo ecuménico entre las iglesias más representativas de la cristiandad occidental y oriental ha discurrido por buenas aguas desde los inicios del pontificado de Francisco en 2013, el cual ha respondido afirmativamente a las intenciones ecuménicas expresadas, igualmente, desde el comienzo del primado de Cirilo, patriarca de Moscú, en 2009. Baste recordar al respecto el encuentro histórico que ambos líderes religiosos tuvieron en la Habana en febrero de 2016, en el cual el Metropolita de Budapest desempeñó un papel protagónico, al gestionar el traslado de las reliquias de Nicolás de Bari, santo de la iglesia primitiva que dio lugar al bienaventurado mito de Santa Clos, como se le conoce en occidente secularizado, o Ded Moroz (el Tío Nieves) en Rusia.
Regresando al diálogo ecuménico entre Roma y Moscú, es necesario recordar que, desde la revolución bolchevique a principios del siglo pasado, y de manera especial durante el periodo de la guerra fría, se ha intentado desplegar una hermenéutica en clave geopolítica del proceso intereclesial de diálogo ecuménico entre las sedes apostólicas romana y moscovita. El mito de la “tercera Roma”, surgido a partir de la caída de Constantinopla en 1453 sigue abonando, hasta el día de hoy, a esta narrativa, pues ha sido históricamente movilizado más por intereses políticos que por vocación teológica y espiritual por los dirigentes rusos desde el siglo XV, además de constituir un obstáculo ideológico y religioso para los dirigentes occidentales con vocación histórica y cristiana.
A pesar de los intentos de algunos medios de comunicación y actores institucionales implicados en el conflicto geoestratégico en el Donbass ucraniano, vinculados igualmente con algunos decisores en Bruselas, el testimonio de Hilarión, disponible en el mencionado portal ortodoxo, así como la acción pastoral de Francisco, basada en la apertura al otro desde los márgenes del ser, invitan a mirar con respeto y comprensión las intenciones de dos líderes religiosos que, más que atizar el fuego en una pradera en llamas desde hace tiempo, proponen, con su trayectoria personal y eclesiástica, un encuentro entre culturas hermanas que pone en el centro la Buena Nueva del fundador de todas las iglesias cristianas: Jesús de Nazaret.