El Acuerdo de Belavezha: Cuando la Independencia de Ucrania Aceleró el Fin de la URSS

Dr. Víctor Francisco Olguín Monroy

Cuando el 12 de diciembre de 1991, se le inquirió a un Mijaíl Gorbachov visiblemente consternado, sobre el convenio que habían pactado a sus espaldas, cuatro días antes, los dirigentes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania: Boris Yeltsin, Stanislav Shushkévich y Leonid Kravchuk respectivamente, que finiquitaba la existencia de la URSS para dar lugar a otro modelo integracionista: la Comunidad de Estados Independientes o CEI; resignado, Gorbachov, que entonces detentaba la jefatura del Estado soviético, sentenció en términos proféticos: “…de ahora en adelante serán Estados independientes, entonces ¿qué va pasar con las fronteras? Tendrán fronteras que los separarán y cada república tendrá sus propias fuerzas armadas. Me temo que la Comunidad de Estados Independientes es una bomba de tiempo”.

 

En este sentido, los responsables de las negociaciones, también incluyeron la siguiente declaración a fin de dejar claro que el proceso de desintegración ya estaba en marcha, que no había vuelta atrás: “como sujeto de las leyes internacionales y de la realidad geopolítica, la Unión Soviética finaliza su existencia”. Pero ¿a qué realidad geopolítica se referían los signatarios? La intentona golpista de agosto de 1991 que socavó la autoridad política de Gorbachov y la cruenta guerra civil que desangraba a la ex Yugoslavia. Pero había otro atenuante, el 1° de diciembre de ese mismo año, el electorado ucraniano celebró dos procesos electorales, para elegir a su nuevo presidente y un referéndum para emanciparse de la Unión Soviética, Leonid Kravchuk venció con más del 60% de los sufragios y, por la independencia, se inclinó el 90% de los votantes.

 

La secesión de Ucrania fue la causa por la que Boris Yeltsin se acercara a su homólogo bielorruso a fin de convencer a Kravchuk de que era momento de apresurar lo inevitable si deseaba evitarse un estallido entre repúblicas vecinas como en los Balcanes. El acuerdo se consiguió, tras convencer a Kravchuk de que suscribiera un nuevo pacto de adhesión hospedados en una dacha en los bosques de Belavezha, Bielorrusia, junto con sus más cercanos colaboradores. De hecho, fue el mandatario ucraniano quién sugirió que la nueva entidad federativa llevara el nombre de Comunidad de Estados Independientes, no Democráticos como había propuesto el canciller ruso, Andrei Kozyrev, pues los delegados ucranianos no consideraban democráticos a algunos de los regímenes de Asia Central. Cuando Kozyrev puntualizó que por antonomasia todos los Estados son independientes “es como decir la mantequilla hecha con mantequilla”, Kravchuk le espetó “es importante que enfaticemos en el hecho de que somos independientes, ahora la mantequilla si está hecha de mantequilla y no con aceite”. Pero había otra preocupación en puerta, ¿cómo recobraría Rusia los misiles nucleares repartidos entre Bielorrusia, Ucrania y Kazajistán? De momento, las partes involucradas acordaron crear un comando conjunto de manera transitoria que asumiría la custodia de los arsenales soviéticos mientras se consumaba la liquidación de la URSS.

 

Con este acuerdo, Yeltsin consiguió apartar del poder a Mijaíl Gorbachov, atemperar los bríos independentistas de Ucrania y restablecer otra fórmula federativa bajo la égida de Rusia, aunque más laxa. En cuanto a la recuperación de los dispositivos de destrucción masiva, Yeltsin contó con el respaldo del presidente norteamericano, George Bush padre, quién envío al secretario de Estado, James Baker, a fin de negociar la repatriación de los silos nucleares, pues buena parte del arsenal estratégico de largo alcance aún apuntaba hacia territorio estadounidense y la Administración Bush había dejado claro que Bielorrusia, Ucrania y Kazajistán debían entregar sus silos sin esperar nada a cambio. Rusia sería la única potencia nuclear reconocida por Washington y así fue como Yeltsin consiguió la desnuclearización de sus vecinos. Según Ashton Carter, otrora consejero del Departamento de Defensa: “Si Ucrania se hubiese quedado con las armas nucleares que tenía en su territorio cuando se disolvió la URSS…habría sido más poderosa que Gran Bretaña, que China y que Francia, en ese momento tomamos una decisión para algunos un tanto radical de ayudar a que Rusia mantuviera el control sobre aquel armamento”. A finales de 1991, los imperativos geoestratégicos de Estados Unidos y Rusia, extrañamente coincidieron, tras asistir al desmantelamiento del imperio soviético, sus cancillerías maniobraron para que no se instalara entre una Alemania recién unificada y Rusia, una potencia nuclear con altos estándares de producción industrial y agropecuaria, 50 millones de habitantes y diferendos territoriales latentes. Luego de que la Unión Soviética llegara a detentar el 25% del PIB mundial y la presencia del Ejército Rojo se extendía desde Berlín hasta Kabul, 31 años después del Acuerdo de Belavezha, que más tarde conduciría al Protocolo de Alma-Ata que ampliaría la membresía de la CEI, aún prevalecen los estertores post mortem de la otrora URSS.

Este texto fue publicado en: https://www.eleconomista.com.mx/opinion/El-Acuerdo-de-Belavezha-Cuando-la-Independencia-de-Ucrania-Acelero-el-Fin-de-la-URSS-20221104-0036.html
Las opiniones expresadas son de exclusiva responsabilidad de sus autores

Add Comment