Una Rusia punk: la sonora disidencia de Pussy Riot
Carlos Armando Carranza Madrigal
Una Rusia punk: la sonora disidencia de Pussy Riot
En su relación con la política -y más allá de ésta-, la música puede tener un rol importante que inspire al escucha a participar, a decidirse, a tomar acción.
Si bien existe un nicho para cada género, el sentido de urgencia colectiva desconoce cualquier barrera, especialmente en contextos en los que la justicia social no termina de concretarse.
Desde Vera Lynn, que con melancolía cantó a millones de soldados ingleses cuando debieron partir hacia un destino incierto durante la Segunda Guerra Mundial, hasta Marvin Gaye, quien condenó la violencia con la que en Estados Unidos se reprimieron las protestas en contra de la invasión a Vietnam, la música nos ha legado grandes himnos de unidad.
¿Ser artista? A la persona que hace de lo aural un espacio de resistencia cultural, solamente le interesa alzar la voz a favor de un “mejor mañana”.
El centro no puede sostenerse
Tal es el caso de las rusas Pussy Riot, que bajo la etiqueta de agrupación punk, tomaron por sorpresa el panorama moscovita y comenzaron, alrededor de noviembre de 2011, a realizar apariciones públicas que pronto llamaron la atención de los medios.
Situándose en la escena ‘underground’, pero sabiendo ganar suficiente notoriedad, las mujeres que conforman este colectivo entienden que la suma de sus esfuerzos es clave a la hora de generar nuevas formas de independencia.
Para ellas, como para tanta gente que permanece entre las sombras, el recambio dará paso a una menor marginalización.
Sin embargo, ante oídos sordos, el mensaje debe enviarse con estruendo al destinatario: el gobierno encabezado por Vladímir Putin. Las miembro encuentran simpatía en la postura desafiante de diversas figuras, entre las que no necesariamente sobresale Alexei Navalny; la oposición jamás podrá ser homogénea como para que él la represente.
Una fuerza idiosincrásica como la de Pussy Riot nunca estará exenta de polémica y controversia, puesto que vive para ellas. Su aproximación nada convencional al arte performance conmociona a la prensa sensacionalista, que proyecta imágenes de atrocidad al por mayor.
La trinchera infinita
La lucha de féminas como Maria Alyokhina no cesará dado que, a diferencia de otras bandas “hermanas” (entre las que destacan, por ejemplo, las estadounidenses Bikini Kill[1]), su esfera de actuación trasciende los escenarios, pues es la pública, vía protestas sonoras cuya finalidad es provocar a la autoridad. La subversión que exhiben resulta palpable en el apartado del vestuario; saltan y bailan irreverentemente, ataviadas con minifaldas, medias de colores y máscaras.
Incluso, esto las ha llevado a ser erróneamente calificadas como promotoras del “hooliganismo” político, concepto desacertado en tanto que su naturaleza corresponde a una coyuntura ajena y lejana, en la que la supuesta pasión por el deporte era tomada como excusa por la juventud para protagonizar actos vandálicos y peleas.
El episodio de mayor repercusión en cuanto al desorden provocado fue, sin lugar a duda, aquel que en 2012 tuvo lugar en la Catedral de Cristo Salvador de Moscú, particularmente por la carga simbólica que implicó la burlesca manifestación de inconformidad en un baluarte de la Iglesia ortodoxa rusa, misma con la que el presidente Putin mantiene estrechos vínculos, al identificarla como gran preservadora del nacionalismo ruso.
En aquella ocasión, pues, la policía intervino duramente para detener de forma abrupta un sacrílego “rezo” con el que sus autoras suplicaban por que el jefe de Estado desapareciera al fin (interpretaron una canción titulada “Madre de Dios, ¡Fuera Putin!”). El presunto odio religioso al que Pussy Riot incitó con dicha plegaria, supuso el encarcelamiento de la propia Alyokhina y dos, entonces, integrantes más (Nadezhda Tolokonnikova y Yekaterina Samutsevich).
Occidente y sus grupos defensores de Derechos Humanos no tardaron en ejercer presión, propiciando el agravamiento del lance. Es común entre estos hemisferios rivales juzgar a conveniencia y tachar determinadas medidas como violatorias.
Al final, no obstante, el asunto fue zanjado mediante una concesión de amnistía que anunció la Presidencia, en el marco de una rueda de prensa en la que se revelaron planes de liberación de importantes presos políticos, como el ahora exiliado Mikhail Khodorkovsky (propietario de la petrolera Yukos acusado de evasión fiscal).
Una declaración, un sentimiento
Con todo, la voluntad del colectivo distó de verse mermada. Lo acaecido reforzó su principal propósito: denunciar la intransigencia y falta de libertad plena al interior de Rusia, fenómenos poco visibles para el resto del mundo, gracias al hábil control comunicacional que practica la dirigencia del país. La reclusión terminó validando el discurso contestatario.
¿Ansia de fama? ¿Oportunismo? ¿Búsqueda de reflectores? Es preciso puntualizar que la popularidad que alcanzó Pussy Riot no obedece a ese tipo de empresas. Al contrario, la estrategia radica en el aprovechamiento de la plataforma mediática para catapultar la idea de cambio.
Años atrás, de hecho, se estrenaron en la galardonada serie del momento: House of Cards, apareciendo como ellas mismas en un episodio en el que se celebraba una cena de gala entre el presidente norteamericano y el ruso; un sorpresivo ardid de parte suya, y de la producción del fenómeno televisivo.
Por añadidura, en su más reciente demostración a gran escala, resolvieron invadir el terreno de juego en el que las selecciones de Francia y Croacia se encontraban disputando la final de la Copa Mundial de la FIFA, de la que Rusia fue sede en 2018. Hubo sanciones, claramente, pero uno está dispuesto a enfrentarlas cuando cuenta con principios tan sólidos; más aún, con un manifiesto como el que ellas defienden.
Con una pandemia todavía en curso y sin término previsto, es difícil pronosticar cuál será el siguiente movimiento o jugada. Algo, definitivamente, es claro: continuarán cimbrando el statu quo.
En suma, estas combativas mujeres nos recuerdan, día a día, que ser punk significa encarar nuestros problemas con actitud, dejando de lado consideraciones sectarias para cuestionar juntos lo establecido; que inadmisible es reconocerse en desventaja y no querer nivelar el terreno; que no necesitas cantar bien para pertenecer a una causa, sino únicamente gritar mucho, con el alma.
Referencias
Ambrosch, G. (2016). ‘Refusing to Be a Man’: Gender, Feminism and Queer Identity in the Punk Culture. Punk & Post-Punk 5, no. 3: 247–64.
Pozdorovkin, M. & Lerner, M. (2013). Pussy Riot: A Punk Prayer. Film documentary. Available at: https://www.youtube.com/watch?v=tH4hjg83Mt8.
Weij, F., Berkers, P. & Engelbert, J. (2015). The appeal of contemporary protesting artists: Western solidarity with Pussy Riot and the twittering of cosmopolitan selves. International Journal of Consumer Studies 39 (5): 489–494.
Wiedlack, M. K. (2016). Pussy Riot and the Western Gaze: Punk Music, Solidarity and the Production of Similarity and Difference. Popular Music and Society 39, no. 4 (October): 410–22.
Zaratiegi, I. (2018). Pussy Riot, agitadoras punks y feministas rebeldes contra el nuevo zar. El Salto. 11 September 2018. Retrieved from: https://www.elsaltodiario.com/musica/pussy-riot-agitadoras-punks-y-feministas-rebeldes-contra-el-nuevo-zar [Accessed 06 February 2021].
[1] Originarias de Olympia, Washington, merece la pena mencionar que son consideradas las madrinas del movimiento Riot Grrrl, que aboga por revolucionar el paisaje musical independiente. Con estridentes canciones y letras incendiarias, inspiraron, desde los años 90 en adelante, a innumerables grupos.
El tema “Rebel Girl” se constituye en un canto dedicado a ensalzar una mentalidad renovada en la que las mujeres se apoyen mutuamente.