¿Por qué debemos hablar de Asia Central?
Guadalupe Michelle Balderas Escutia
Nota: Re-pensar la seguridad desde las ciencias sociales
No hay persona en el mundo que no haya escuchado alguna vez algo referente al continente asiático, probablemente desde la cultura pop, la música, su potencial comercial e incluso por el origen de la pandemia por COVID-19 que se esparció rápidamente por el mundo; sin embargo, todos esos conocimientos están generalmente orientados hacia China, Japón, India o recientemente Corea del Sur.
Y es en ese sentido que una constante ha sido el completo desconocimiento de un espacio sumamente complejo como lo es Asia Central. Desde conocer su ubicación, historia, gobierno y ya no hablar de su cultura y sociedad, por lo que es importante preguntarse qué es Asia Central, dónde está y por qué deberíamos estar hablando de ella ya que se trata de un espacio localizado en el corazón del continente asiático, aquel que ha pasado por diversos cambios a lo largo de su historia y que hoy en día recupera bastante de dicha trayectoria y se une con los múltiples cambios globalizantes y geopolíticos de nuestros días.
Asia Central es la región compuesta por los famosos “stanes”, hoy día Kazajstán, Tayikistán, Uzbekistán, Kirguistán y Turkmenistán, y que, dependiendo los autores consultados, podría ubicarse ahí mismo a Afganistán, Irán, Pakistán e incluso la India, pero para los fines de este breve escrito, nos estaremos refiriendo a las cinco ex repúblicas soviéticas centroasiáticas por su trayectoria y experiencias comunes.
Así que una de las características fundamentales que une a esta región, es sin duda su pasado histórico desde la colonización del Imperio Ruso en el entonces denominado Turkestán (territorios comprendidos del actual Turkmenistán, Uzbekistán y Kazajstán), así como el dominio soviético hasta hace apenas treinta años que encaminó a las ex repúblicas en dinámicas políticas, económicas, sociales y culturales similares.
En estos espacios confluyeron pueblos nómadas dedicados a la ganadería; sedentarios dedicados a la agricultura; pueblos tártaros con la llegada de los mongoles; pasaron por la implantación del Islam a partir de la caída del Imperio Sasánida (quedando el Sunnismo como la principal corriente en la región), aunque los persas también se vieron involucrados en territorios tayikos dejando como rasgo cultural el Islam Chiíta.
De igual forma, desde el siglo XVI, el expansionismo y colonialismo ruso se hizo cada vez más presente mediante la expansión del cristianismo ortodoxo y pueblos eslavos dentro de la región, implantando su lengua, religión y cultura, fragmentando y diversificando los espacios y pueblos ya existentes (Ibañez, 2007). De esta manera, los territorios que configuran Asia Central se establecieron como parte de la esfera de seguridad del Imperio Ruso, la cual se mantendría hasta la época soviética y que perdura hasta nuestros días.
Así que durante el periodo socialista no se dejó de lado el interés en la región y oficialmente fueron reconocidas las nuevas fronteras (aún vigentes), y que desde 1936 formaron parte de la Unión Soviética hasta su desintegración en 1991. Durante su gobierno, el Estado soviético implantó la lengua rusa como lengua oficial de comunicación entre las repúblicas y con ello sus valores y principios culturales se volvieron dominantes, relegando progresivamente las culturas locales.
Un ejemplo de lo anterior fue la prohibición de profesar cualquier religión y con ello la identidad cultural de estos pueblos que reconocían a la Sharía (ley islámica) como parte de su dinámica social, cultural y política. O bien, las purgas durante el periodo estalinista y la represión ante disidentes y críticos del gobierno que terminaron por silenciar las manifestaciones y luchas por las identidades locales, reforzando así el nacionalismo artificial soviético (Priego, 2010) y creando una vigilancia interna sumamente aterradora.
Sin embargo, el tiempo pasó y poco a poco la Unión Soviética se resquebrajó entre crisis económicas, corrupción, conflictos étnicos y el peso que dejó la devastadora invasión a Afganistán en la década de los setenta. Finalmente, comenzaron las independencias y las nuevas repúblicas centroasiáticas buscaron su propia organización política, económica, social y cultural en un mundo que ya se encontraba organizado con organismos e instituciones internacionales y las reglas del juego establecidas.
Entonces el problema a resolver fue la fuerte dependencia que seguía existiendo con la ya extinta Unión Soviética, lo que provocó un periodo oscuro de crisis absoluta en sus primeros años independientes; pues a pesar de contar con recursos e infraestructura como parte del régimen anterior, la realidad era que no contaban con las posibilidades de entrar aún a las dinámicas del mundo capitalista ya constituido y, por ende, significaron un espacio apetecible para el entonces declarado vencedor de la contienda bipolar.
Luego de algunos años, la situación alcanzó un poco de estabilidad en Asia Central y con la llegada de Vladimir Putin a la presidencia de Rusia se restablecieron lazos políticos, comerciales, energéticos y culturales con la finalidad de recuperar presencia en este espacio históricamente dominado y que durante la década de los noventa, los gobiernos centroasiáticos habían reforzado lazos y relaciones con occidente, significando entonces un asunto de seguridad regional que desde el Kremlin urgía resolver.
Lo anterior se debe a que Rusia tiene interés en el Mar Caspio, donde se encuentran grandes yacimientos de petróleo y gas natural, siendo Kazajstán y Turkmenistán los más beneficiados por sus litorales; en el centro se encuentran grandes estepas que fueron dedicadas a la agricultura por colonos rusos y soviéticos; algunos espacios cuentan también con suelos ricos en minerales y carbón; y qué decir de su ubicación geográfica que representa el puente que conecta perfectamente las frías tierras rusas con las ansiadas aguas templadas y el complejísimo Medio Oriente que se ha vuelto cada vez más relevante por sus dinámicas y experiencias históricas.
Pero Rusia no ha sido el único gigante interesado en la región, desde el siglo XIX el Reino Unido tenía sus colonias en el Sur de Asia y le preocupaba el expansionismo ruso en la región; o bien, al término de la Guerra Fría las invasiones estadounidenses a Irak y Afganistán tomaron espacios en las ex repúblicas soviéticas centroasiáticas para implantar bases militares y continuar con su expansión y dominio hegemónico; y en tiempos más recientes, el nuevo proyecto geopolítico chino One Belt One Road o la Nueva Ruta de la Seda (González, 2018) encuentra su vía terrestre por estos territorios. Por lo tanto, históricamente ha sido un enclave geoestratégico entre potencias y representa una amenaza para los pueblos que han buscado su supervivencia pese a los intereses de ciertas élites, gobiernos estatales e intervenciones militares.
Para terminar, me gustaría invitar a la reflexión sobre este espacio, que pese a no ser sumamente popular en los estudios regionales, al menos en la praxis ha sido fundamental dentro de procesos y conflictos geopolíticos, por lo que la militarización y aseguramiento de este espacio como el granero soviético, por ser el paso de oleoductos y gasoductos rusos, el puente bélico estadounidense utilizado para la intervención a Afganistán y ahora con la crisis de éste último, han significado un problema a la seguridad humana de la población y que parece pasar desapercibido para el mundo y la misma academia. Es entonces que hablar de Asia Central, de su sociedad y sus procesos, se vuelve cada vez más necesario.
Fuentes consultadas:
Cornell, S. & Zenn, J. (2018). Religion and the Secular State in Uzbekistan. Silk Road Paper. Central Asia-Caucasus Institute, 45 pp.
Ibañez, D. (2007). Introducción al Estudio de Asia Central. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 80 pp.
González, M. (2018). Las nuevas Rutas de la Seda en Asia Central y sus efectos en las relaciones internacionales. En Boletín del Instituto Español de Estudios Estratégicos, Documento Marco. Madrid: IEEE, 33 pp.
Gutiérrez, A. (2005). Rusia en la era de Vladimir Putin: la búsqueda del interés nacional ruso. Revista Mexicana de Política Exterior, Núm. 74, pp. 87-107.
Priego, A. (2010). El islam en las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central. Culturas. Revista digital de análisis y debate sobre Oriente Próximo y el Mediterráneo, Núm. 6, pp. 43-59.